Archivo mensual: diciembre 2015

Sobre “antes eras mujer y ahora eres hombre” y similares. Los hombres trans nacemos hombres trans.

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<<Hay algo del discurso imperante sobre la cuestión trans que me molesta especialmente: las expresiones “de mujer a hombre”, “nacer hombre y convertirse en mujer”, “FtM, MtF” y similares. Son ilógicas y transfóbicas. La idea de que las personas trans éramos cis(*) mientras estábamos en el armario es tan absurda como la idea de que los homosexuales eran heterosexuales hasta que dijeron lo contrario. Hay excepciones, como las personas de orientación e identidad que fluyen, con quienes sí serían correctas tales expresiones, pero de ninguna forma deberían aplicarse a todo el colectivo.

En este contexto, la expresión “nacer mujer” no quiere decir otra cosa que “nacer con vulva”, es decir, “tener vulva es ser mujer”. Es una negación de mi condición de hombre con vulva. Y aunque existe gente que dice que no seré hombre hasta tener pene (o que nunca lo seré), lo curioso es que la mayoría de quienes afirman que nací mujer, también afirman que soy un hombre a día de hoy: “naciste mujer y te convertiste en hombre” ¿y qué lógica tiene esto, si sigo siendo la misma persona y teniendo la misma vagina con la que nací, por la cual me asignaron el género-sexo mujer? Es más, ahora tengo más características consideradas “de mujer” que cuando era bebé, como son los pechos y las caderas anchas, pero como son características que también pueden tener los hombres cis, no se les atribuye la misma carga femenina que se le da a la vulva.

La creencia de que somos hombres, mujeres u otra cosa dependiendo de las partes de nuestros cuerpos o de lo que parezcamos a ojos de los demás es la base de la discriminación transfóbica, que afecta especialmente a todas esas personas trans que no modifican sus cuerpos (no todas lo necesitan) sufriendo más si cabe la negación social de sus géneros-sexos. Lo que más me apena es que la propia población trans difunde estos discursos, cuando deberíamos defender que nuestra identidad no es la que nos impusieron, que no cambiamos nuestro género-sexo, sino que siempre ha sido el que es, y llegado a un punto lo asumimos y liberamos. Yo no me hormono para convertirme en hombre (esto me plantea preguntas como, ¿en qué punto me “convertí” en hombre? ¿con la primera inyección? ¿con los primeros pelos faciales? ¿fue gradual, siendo yo mitad hombre y mitad mujer durante algún tiempo, o un día me acosté mujer y al día siguiente me levanté hombre?). Me hormono porque soy un hombre y necesito verme masculino para sentirme bien conmigo mismo, del mismo modo que hay multitud de hombres cis que por las mismas razones intervienen en su cuerpo. La hormonación con testosterona, la extirpación de pechos, el implante de pene y testículos, etc., son tratamientos que ya se realizaban con hombres cis antes de que los hombres trans comenzásemos a reivindicarlos. Todos los hombres tenemos algún grado de feminización física, y los trans simplemente somos los que nos llevamos la palma.

Este tipo de expresiones que vengo comentando nacen de una mentalidad genitalocentrista, la idea de que la genitalidad es el centro de todo, reduciendo el sexo a un pequeñísimo porcentaje de tejido en nuestro cuerpo, cuando la realidad biológica es que somos sexuados de la cabeza a los pies. Seguir con estos discursos es seguir dando credibilidad al género-sexo erróneo que se nos fue impuesto al nacer, echando tierra sobre la lucha por nuestra verdadera identidad sexogenérica, la cual está determinada por el órgano sexual más importante de todos, y no, éste no está localizado entre las piernas, sino entre las orejas.>>

(*)Cis: De cisexual o cisgénero.
Eres cis si al nacer el médico acertó tu género-sexo.
Lo opuesto a trans.

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Texto: Anónimo.

Imagen: “Grows up and cries” by PrinceCanary http://princecanary.tumblr.com/

 

 

 

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13. “#VisteTuPropiaPiel”

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Ayer fue un día emocionante.

Como algunes ya sabéis, llevo varios años interesado en el movimiento por los Derechos de los Animales, desde que descubrí el veganismo en 2010. Desde entonces he ido cambiando hábitos de mi vida cotidiana, que anteriormente no era consciente de la repercusión que tenían sobre los demás animales.

También fue gracias a esa toma de consciencia por lo que empecé a interesarme por otros movimientos sociales y por el activismo. En la medida de lo que he podido, he colaborado con diversas ONG’s, apoyando su trabajo y, ocasionalmente, formando parte de él.

¿Y por qué os cuento todo esto? Pues bien, sé que no es algo estrictamente relacionado con los temas que trato en el blog, y no pretendo provocar una discusión sobre la controversia que existe en cuanto a la explotación y el trato que sufren los animales en nuestra sociedad. Sin embargo, ayer asistí a un acto reivindicativo organizado por una de estas organizaciones y tuve una sensación muy positiva, un poco relacionada con el uso del propio cuerpo como forma de reivindicación, lo cual sí que tiene que ver con este blog.

El acto consiste en una protesta en plena calle, en la cual decenas de activistas se manifiestan tumbándose en el suelo, completamente desnudos y cubiertos de sangre artificial. La ‘performance’ es una representación de los cuerpos amontonados de los animales sin vida a los que se les arranca la piel para ser usada como vestimenta en las explotaciones peleteras. Se trata de la mayor acción contra el uso de pieles en España y se lleva realizando cada año desde 2005.

Ésta es la segunda vez que participo en “SinPiel” (así se llama la campaña) y he vuelto a comprobar una sensación que ya experimenté la primera vez.

Creo que no debo ser el único al que participar en una acción así le puede costar un esfuerzo especial por el hecho de tener que desnudarse delante de alguien. Ya sea por convencionalismos, complejos físicos, vergüenzas o cualquier otro motivo.

Reconozco, por la compleja relación que tengo con mi cuerpo como hombre transexual, que en algunas situaciones se me hace difícil exponerme tal y como soy. Nunca he sido pudoroso, ni tengo ningún tipo de tabú en cuanto al nudismo (de hecho, todo lo contrario). Además, les organizadores de la reivindicación cuidan de hacerlo todo de forma que no sea percibido como algo morboso.

Así que en este caso no hablo del desnudo en sí porque, como digo, en ningún momento estuve incómodo o tenso durante la manifestación, sino más bien me refiero a que los días previos al evento me sentía bastante inseguro sobre si decidir o no participar. Por mi baja autoestima, cualquier decisión que implique exponerme de algún modo, por leve que sea, puede ser un obstáculo y las inseguridades afloran.

Pero por esta vez… ¡Me alegro de haberme decidido! Y es que me pareció, de nuevo, una labor admirable, y una experiencia inolvidable. Es maravilloso ver a unas 200 personas venidas de diferentes ciudades y países, dejando atrás sus posibles complejos y vergüenzas, reuniéndose una mañana de diciembre para pasar frío juntas,  manifestándose por una buena causa.

Es por eso que ayer fue un día emocionante. Y estoy seguro de que cada año seremos más. Hasta que llegue el día en que ya no será necesaria la protesta, porque esa crueldad habrá terminado.

Fotografía: SinPiel 2015, Barcelona (Mara Blackflower Photography)

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